Pepín Parra, montado na súa egua branca como a neve, subía a rúa do Cárcere cara á casa de Manolo e María onde pasara a tarde anterior, en compañía de Tere, xogando os catro ás cartas. María estaba embarazada de nove meses e esperaba dar a luz dun momento a outro. Cando chegou á altura da casa dos seus parentes, elevouse sobre os estribos e gritou:
-Manolo! Todo ben?
Dende o balcón do dormitorio surdíu a voz de Manolo:
-Un neno.
-Jajaja, as ganas.
Entón Manolo saíu ao balcón con algo envolvido aínda nunha toalla. Pepín púxose de pé sobre a cadeira de montar e tendeu os brazos a aquela cousa pequena que se lle ensinaba, colleuna entre os seus brazos e bicoume na fronte.
Foi a primeira vez que montei dacabalo, e era a euga branca mais bonita que montei na miña vida, eu tiña dez minutos de vida.
Eran as dez e media da mañá do día trinta e un de marzo de mil novecentos corenta e tres, e isto ocorreu en Bujalance un pobo da provincia de Córdoba, en España.
Hace 65 años
Pepín Parra, montado en su yegua blanca como la nieve, subía la calle de la Cárcel hacia la casa de Manolo y María en donde había pasado la tarde anterior, en compañía de Tere, jugando los cuatro a las cartas. María estaba embarazada de nueve meses y esperaba dar a luz de un momento a otro. Cuando llegó a la altura de la casa de sus parientes, se elevó sobre los estribos y gritó:
-¡Manolo!¿Todo bien?
Desde el balcón del dormitorio salió la voz de Manolo:
-Un niño.
-Jajaja, las ganas.
Entonces Manolo salió al balcón con algo envuelto todavía en una toalla. Pepín se puso de pié sobre la silla de montar y tendió los brazos a aquella cosa pequeña que le enseñaba Manolo, la cogió entre sus brazos y me besó en la frente.
Fué la primera vez que monté a caballo, y era la jaca blanca mas bonita que monté en mi vida, yo tenía 10 minutos de vida.
Eran las diez y media de la mañana del día treita y uno de marzo de mil novecientos cuarenta y tres, y esto ocurrió en Bujalance un pueblo de la provincia de Córdoba, en España.
