El auto corría velozmente por la calle. De repente él se dio cuenta que de que estaba perdido, había entrado en la ciudad, de noche, hablando con el resto de los ocupantes del vehiculo y no se dio cuenta de la ruta que tomaba, desaceleró un poco, bajo el cristal de la ventanilla y miró a un cartel que había fijado en un edificio próximo: Avenida de Líbia. No, no estaba perdido y llevaba la dirección exacta que le conducía hacia la Rivera.
Fue entonces cuando percibió el fuerte perfume. Por la ventana entró también calor, se estaban acercando a río e incluso notó algo de humedad. Chichita, sentada a su derecha le preguntó, ¿a qué huele? ¿de que es ese olor tan fuerte? Es azahar le contestó él, azahar, mi ciudad huele a azahar ¡Cuánto tiempo sin oler a azahar de aquella manera tan profunda! Miró a los coches aparcados debajo de los naranjos y sonrió, parecía que había nevado sobre ellos y se lo comentó a sus acompañantes de viaje. Las flores caídas de los naranjos habían cubierto totalmente con su blancura la carrocería de los automóviles.
¿Toda la ciudad huele así? Preguntó de nuevo Chichita.
No, dijo él, el Brillante huele a Damas de Noche, Jazmines y Don Diegos.
Y se acordó de su madre, de sus tíos, de la casa en la calle Calasancio y de los olores tan fuertes, tan especiales, tan embriagadores que desde niño le fascinaban.
¡Perro pachón! Le llamaba su padre, entre risas, cuando él, niño, levantaba la nariz en todas direcciones olfateando olores.
Circulaba por la Rivera, la Luna se reflejó en el Guadalquivir iluminando el puente romano y los molinos árabes. Detuvo el coche y salió de él. Contempló a su lado, el Triunfo se San Rafael, la Puerta del Puente y allá en el fondo la Mezquita. A su izquierda, el Puente Romano y la Torre de la Calahorra. Por un momento creyó que la emoción le iba a hacer llorar. Había llegado a su ciudad, la ciudad de sus padres, de sus abuelos, de sus antepasados, había llegado a Córdoba, Se subió de nuevo al coche, y sin decir una palabra más se dirigió rápidamente hacia el hotel situado en los jardines de la Victoria.
